Karma Yoga (Yoga de la Acción)

 

El que sobresale, oh Arjuna, es aquel que controla los sentidos con la mente
y practica sin apego Karma Yoga con los órganos de la acción (…)
Por lo tanto, haz siempre sin apego lo que tengas que hacer,
porque actuando sin apego se alcanza lo Supremo (…)
Los ignorantes actúan por apego a la acción, oh Arjuna.
Los sabios también deben actuar,
pero no por apego sino por el bien del mundo.

BHAGAVAD GUITA

 

Karma se traduce como acción; así, el Karma Yoga hace referencia a cualquier acción consciente y desapegada del resultado que podamos realizar. A menudo, históricamente, se ha asociado la práctica del Karma Yoga con ayudar a los demás de forma desinteresada a través de actos caritativos; si bien este tipo de acciones pueden sin duda ser vividos como un acto de Karma Yoga, es incorrecto reducir esta senda exclusivamente a esa clase de actos, ya que existe una infinidad de acciones posibles que pueden concebirse como una práctica de Karma Yoga. De hecho, según nos propone esta tradición, cualquier acción que surja de nuestra verdadera naturaleza (siguiendo los designios de una voluntad universal, a cuya comprensión sólo es posible acceder mediante la meditación) y que sea realizada, como decíamos, de forma consciente y en total desapego del resultado es un acto de Karma Yoga.

Para explicar esta vía de la acción puede resultar útil hacer referencia al papel del ego en nuestra vida cotidiana. El ego es nuestro sentido del “yo” que, en la consciencia cotidiana, prevalece en cada acto y pensamiento que realizamos. Grandes artistas, pensadores y sabios de todos los tiempos coinciden en que sus mejores obras se realizan cuando pierden la noción de sí mismos, involucrándose tanto en la acción que acaban fundiéndose en el proceso y transformándose en la misma obra que están realizando. Así pues, del mismo modo, es Karma Yoga cualquier acción tal que el sujeto, disuelto plenamente en su naturaleza a través de la acción misma, actúa en total desapego, sin perseguir ningún beneficio o resultado para su ego, sin esperar nada, creando de esta forma una acción perfecta. Esto se consigue cuando se abandona el egoísmo o necesidad de ganancia personal a través de la acción, es decir, cuando nos entregamos totalmente a los designios de la vida y dejamos que el objetivo de nuestras acciones no sea su resultado sino su proceso.

Al principio, esta forma de actuar requiere un esfuerzo, ya que no estamos acostumbrados a esta clase de planteamientos. Muy al contrario, por lo general se nos ha enseñado a perseguir siempre un resultado a través de las acciones, siguiendo un esquema temporal en el que nuestra mente tiende a entender los acontecimientos como procesos lineales en el tiempo y el espacio, sucesos que empiezan para lograr algo y terminan cuando ese algo se ha logrado o bien se ha fracasado en el intento. El Karma Yoga nos invita más bien a comprender la vida y nuestras acciones como un constante fluir de procesos creativos, en un presente continuo, liberado de expectivas, sin principio ni final.

Cuando por un solo instante podemos saborear la sensación de estar tan centrados en lo que estamos haciendo que no tenemos noción alguna del pasado o del futuro, nos damos cuenta de la serenidad y plenitud que supone para nosotros la fusión con el momento presente, ya que en ese estado no existe nostalgia sobre lo acontecido ni ansiedad o deseo algunos sobre el acontecer.

Si toda nuestra vida es acción, entonces esta tarea es de suma importancia, pues estamos expuestos constantemente a los resultados de nuestras acciones. Si queremos que nuestra vida esté repleta de acciones virtuosas, necesitamos cambiar la perspectiva a la hora de ejecutarlas. El objetivo del Karma Yoga es convertir no ya algunas acciones sino todas ellas, en acciones conscientes y desapegadas, puentes a la eternidad del momento presente y por tanto, a la comprensión de quiénes somos en realidad.