Musica

ॐ, NADA, MANTRA y MARGA-SANGITA

La existencia en la dualidad, en la densidad de nuestros cuerpos propia del mundo “terrestre”, nos incita –por sus características- a mantenernos en un estado de movimiento y agitación permanentes; máxime en la moderna sociedad de mercado, bacanal de hiperestimulación, dispersión y obsesiva evasión del presente. Este estado, agravado cuanto mayor es la dispersión, nos oculta la naturaleza profunda de nuestro ser, generando un círculo vicioso de carácter exponencial entre el cuerpo y la mente, atrapados en la ansiedad del movimiento constante, bloqueados en un estado de consciencia incapaz de ver la realidad esencial que subyace y trasciende a dicho movimiento. La dualidad queda así encerrada dentro de sí misma, y la existencia humana pobre, inquieta.

El objetivo de las técnicas de meditación (todo el Yoga constituye, en última instancia, una búsqueda del estado de consciencia meditativo) es, desde tiempos inmemoriales, un intento de revertir este proceso: un esfuerzo por llegar gradualmente a una forma peculiar de ralentización interior, de tal manera que podamos acceder a estados de profunda inmutabilidad en los que, finalmente, reconozcamos y aprehendamos la realidad última de nuestro Ser Superior. Huelga decir que por su naturaleza, dicho estado es absolutamente innombrable, siendo la experiencia directa la única vía para acceder a él.

Agrupados en lo que a menudo se denomina “Sendas del Yoga”, muchos son los métodos de meditación practicados desde la antigüedad, en la India y fuera de ella, con el fin de perseguir la experiencia directa de dicho estado de trascendencia. Uno de ellos, especialmente antiguo y potente, es el conjunto de técnicas meditativas que podríamos agrupar de forma general bajo el nombre de Nāda Yoga, traducido -sin hacer justicia de la riqueza del término sánscrito- como Yoga del Sonido.

Por nuestra vocación integral en la aproximación al Yoga y por el interés especial que nos suscita el trabajo con el sonido, uno de los distintivos de AUSHADHI es que las personas que integramos el proyecto le otorgamos una importancia especial a esta forma de meditación que lamentablemente, en la actualidad se encuentra bastante olvidada, casi inaccesible, especialmente en Occidente. A continuación mencionamos algunos de los enfoques de trabajo con sonido que consideramos especialmente relevantes en esta escuela:

· Nāda Yoga. Entendemos, más concretamente, por Nāda Yoga la vía a través de la cuál el o la practicante realiza un proceso de purificación y sutilización progresivas de su escucha interna hasta el punto paradójico de llegar a ser capaz de escuchar, dentro de sí, la vibración de Nāda, el sonido “inteligible”, el sonido primordial. Una vez logrado el acceso a Nāda, podremos permanecer unidos a esta vibración como soporte de concentración para cualquier clase de experiencia meditativa, como hilo conductor continuo y absoluto que nos asiste, desde su inmutabilidad, al encarar la vida dual y su frenético movimiento desde un estado de consciencia trascendental.

· Mantra Yoga. La palabra mantra, según Swami Satyananda, “proviene de dos raíces del sánscrito: man (como manas, “mente”) y tra (“liberar”). Mantra, por tanto, es una forma de liberar a la mente de sus bloqueos y despertar a una dimensión superior de Consciencia”. Esta técnica consiste esencialmente en la repetición de vibraciones sonoras específicas (en la mayoría de los casos provenientes del Sánscrito) que generan cambios directos y muy rápidamente perceptibles en el sistema cuerpo-mente de la o el practicante. Sea propiamente en el mantra, o en el kirtan (técnica de trabajo de mantra que se desarrolla con un formato de “llamada-respuesta”), la clave de esta vía consiste en un proceso de purificación y acallamiento progresivo de nuestro “ruido mental” mediante la repetición hipnótica: un bucle circular a través del cual podemos experimentar estados de trance, de intensa concentración, relajación profunda y, en última instancia, trascendencia del plano dual. Los textos del mantra pueden provenir de una infinidad de fuentes (desde sílabas a las que la tradición ha dotado de un carácter “sagrado” o “mágico” por el poder transformador de su vibración fonética hasta textos filosóficos o alegóricos que narran las hazañas de divinidades arquetípicas). Dentro de esto, cabe destacar el mantra ॐ : OM o AUM (utilizado de un modo u otro en la inmensa mayoría de nuestras sesiones), el cual constituye, para la tradición, una representación simbólica de la vibración o sonido primordial. Es por esto que ॐ aparece al principio y al final de todos los mantras, como alegoría de que cualquier cosa surge, se desarrolla y culmina en él: en el Absoluto.

· Mārga-sańgīta. Recuperamos y sacamos a colación esta antigua conceptualización de la musicología india para hacer referencia a una forma de música devocional con orígenes mitológicos concebida como un camino a la liberación; una forma de música cuyo objetivo no es el mero “entretenimiento” sino la trascendencia, la experiencia meditativa, el deleite del Absoluto, inherente tanto en la presencia del músico como del oyente. Una forma de música que nos aporta no sólo placer sino dicha, felicidad, éxtasis (ānanda). En este contexto, es especialmente notorio el desarrollo, en la tradición india, de los ragas (modos melódicos asociados a emociones arquetípicas o rasa) y las talas (ciclos rítmicos que reflejan la organización del pulso sutil del Universo). Desde esta perspectiva, la ejecución de raga y tala (siempre una invocación, una suerte de “composición a tiempo real”) puede convertirse en un proceso de revelación y auto-realización, una experiencia de no-dualidad en la que tanto el artista como el oyente funden su propia identidad con la del raga y la tala, haciéndose uno con el momento presente. El Dhrupad (una de las técnicas de canto más antiguas de la tradición india), a cuyo estudio y práctica consagramos buena parte de nuestro tiempo algunas de nosotras, es quizá el exponente más relevante (al menos de forma explícita) de esta aproximación a la música.

En la escucha de nada, como en la repetición del mantra, como en el libre fluir por las ondas del raga, nos perdemos para encontrarnos. Perdemos a nuestro ego para encontrar a nuestro ser esencial. Nos trascendemos.